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En una primera lectura El gato negro de Poe, pareciera ser el relato de un crimen a sangre fría en donde un error se convierte en el elemento que delata al asesino, pero el cuento va más allá, el texto ofrece un hecho que bien podría ocurrir en nuestro entorno cotidiano, pero su desenlace no. Dicho suceso en particular, hace suponer que existen elementos de índole fantásticos dentro de la narración. De manera breve, el argumento es la historia de un hombre que en su pasado amó a los animales, no obstante, el alcohol se convierte en la causa del alejamiento tanto de ellos como de su esposa, llega al punto del maltrato hasta que sus actos se tornan cada vez más violentos para culminar en el asesinato del gato y de su mujer.

El cuento comienza in extrema, nuestro narrador resume todo el tormento que ha sufrido en el primer párrafo del relato. No busca hacernos creer en sus palabras, busca crear un engaño inicial para interesar al lector, de hecho, sitúa la narración en el terreno de lo cotidiano. Citaré un fragmento del primer párrafo de la traducción de Julio Cortázar, donde se manifiesta lo que he dicho:

No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma. Mi propósito inmediato consiste en poner de manifiesto, simple, sucintamente y sin comentarios, una serie de episodios domésticos. Las consecuencias de esos episodios me han aterrorizado, me han torturado y, por fin, me han destruido. Pero no intentaré explicarlos. (107)

El hecho de que nuestro narrador hable del horror que dichos episodios le han ocasionado, y más aún, que no intente explicarse, produce inquietud en el lector desde el comienzo del texto, que lo llevará hacia una inminente sorpresa.

¿En dónde radica entonces lo fantástico de El gato negro? En primer lugar, en el ya mencionado aspecto de la cotidianeidad. En Del sentimiento de lo fantástico, Cortázar hace mención de este elemento en una reflexión sobre algo que Teodoro Adorno se quedó mirando durante un discurso:

Lo fantástico fuerza una costra aparencial, y por eso recuerda el punto vélico; hay algo que arrima el hombro para sacarnos de quicio. Siempre he sabido que las grandes sorpresas nos esperan allí donde hayamos aprendido por fin a no sorprendernos de nada, entendiendo por esto no escandalizarnos frente a las rupturas del orden. (74)

En El gato negro se nos presenta esta situación, en un principio se va relatando una historia cotidiana. Nuestro narrador comienza por hablar de su infancia y del amor que sentía por los animales: tenía perros, conejos, peces, un mono y a Plutón, nombre peculiar para un gato negro, sobre el cual su mujer hace comentarios referentes a la superstición de las brujas. Acto seguido, nos cuenta de su amistad con el felino, el cual fue su favorito durante varios años; sin embargo, el alcoholismo lo ha separado de su mascota predilecta. La historia de nuestro narrador sigue un curso natural, que como dice Cortázar, no sorprende, a pesar de contarnos sobre su vicio, pues es común encontrar gente con problemas de alcohol. Como de nuevo menciona el autor de Rayuela, nos espera una gran sorpresa a la vuelta de la página, basta con recordar el siguiente párrafo del cuento:

Una noche en que volvía a casa completamente embriagado, después de una de mis correrías por la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presencia. Lo alcé en brazos, pero, asustado por mi violencia, me mordió ligeramente en la mano. Al punto se apoderó de mí una furia demoniaca y ya no supe lo que hacía. Fue como si la raíz de mi alma se separara de golpe de mi cuerpo; una maldad más que diabólica, alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra de mi ser. Sacando del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrí mientras sujetaba al pobre animal por el pescuezo y, deliberadamente, le hice saltar un ojo. Enrojezco, me abraso, tiemblo mientras escribo tan condenable atrocidad. (108)

Cortázar en su ensayo señala que “los únicos que creen verdaderamente en los fantasmas son los fantasmas mismos” (75), para esto ejemplifica con una minificción de George Loring Frost, titulada Un creyente.[1] En esa pequeña historia de fantasmas lo fantástico adquiere una naturalidad abrumadora. En este caso de un hecho cotidiano, como lo es encontrar un hombre en una galería de arte, surge la sorpresa, se juega con los elementos cotidianos para engañar al lector y finalmente, se le da un giro radical al relato fantástico, justo como ocurre en El gato negro, sin embargo, el relato de Poe, entrega al lector una sorpresa tras otra, reservando para el final, una intensa manifestación de lo fantástico, que como en el texto de Frost, nace de lo cotidiano.

De lo cotidiano se van desprendiendo elementos que se integran en el terreno de lo sobrenatural, por ejemplo, como en El Horla, el relato de Poe expone una frecuente angustia del personaje principal, siente miedo del animal rondando por su casa y que podría toparse con él en cualquier momento, el texto se asocia a la parte negativa del ser: el odio, la repulsión, el miedo, el asesinato y finalmente la culpa. Sobre el relato fantástico en general Iréne Bessiére menciona que:

Lo fantástico no es más que una de las vías de la imaginación, cuya fenomenología semántica nace a la vez de la mitología, de lo religioso, de la psicología normal y patológica, por lo que, de ese modo, no se distingue de las manifestaciones aberrantes de lo imaginario o de sus expresiones codificadas en la tradición popular. (84)

Desde el punto de vista de Bessiére, El gato negro es fantástico también porque a su manera recrea la imagen de Plutón, dios del inframundo en la mitología romana, tomemos en cuenta que el relato presenta un descensus ad inferos, proceso en el cual nuestro narrador cae cada vez más el horror de sus actos, donde a cada momento el gato juega un papel más importante. Plutón está presente en el descenso al inframundo de nuestro protagonista, como en la mitología, a su vez codificada en la tradición popular que menciona Bessiére. El gato juega el papel de un dios justo y castigador, hace que la voz narrativa sufra, juega con ella, la guía, la atormenta, la lleva a cometer un crimen atroz y finalmente, con su maullido la obliga a pagar el alto precio de lo cometido. Recordemos una vez más, las alusiones a las brujas metamorfoseadas en gatos negros a los que se refería la mujer del narrador antes de ser asesinada.

Vamos viendo que mediante lo establecido por Julio Cortázar en su ensayo Del sentimiento de lo fantástico y lo dicho por Iréne Bessiére en El relato fantástico: forma mixta de caso y adivinanza el texto de Poe va adquiriendo elementos que vuelven fantástico un relato, en primer lugar se presenta el engaño hacia el protagonista y hacia el lector, seguido de la sorpresa y el extrañamiento que esto pudiera provocar mediante una descripción de apariencia común y que lleva a los personajes a ser víctimas de un fatum atroz, y a los lectores a una gran sorpresa. Luego, la inclusión mitológica que contiene el relato que Bessiére encierra dentro del repertorio popular de mitos. Se puede complementar esto con lo dicho por Roger Caillois en Imágenes, imágenes… (Sobre los poderes de la imaginación) al ejemplificar sobre el relato de W.W. Jacobs, La pata de mono. En su texto Caillois menciona que “Lo fantástico supone la solidez del mundo real, pero para mejor devastarlo.” (13)   Y es así, puesto que Poe nos habla de un mundo común y corriente, para terminar por llenarlo de horror y devastación.

Nuestro relato comienza a sufrir su descenso al inframundo desde el momento en que se extirpa el ojo a Plutón, es aquí que se comienza a manifestar una ruptura del orden. Citando nuevamente a Caillois:

En lo fantástico, al contrario,[2] lo sobrenatural aparece como una ruptura de la coherencia universal. El prodigio se vuelve aquí una agresión prohibida, amenazadora, que quiebra la estabilidad de un mundo en el cual las leyes hasta entonces eran tenidas por rigurosas e inmutables. (11)

La estabilidad se rompe totalmente cuando aparece, luego de unos días de ausencia, el gato, delatando ante las autoridades a nuestro narrador, entregándolo, monstruoso y terrible, saliendo del interior del muro sin alimento ni agua que lo pudieran sostener en su encierro; sin embargo, el monstruo, como ahora lo define el personaje, está ahí para castigar a la entidad protagónica, lo cual funciona para cerrar el relato fantástico, tomando en cuenta a Caillois una vez más:

Los relatos fantásticos se desenvuelven en un clima de terror y terminan casi inevitablemente en un acontecimiento siniestro que provoca la muerte, la desaparición o la condenación del héroe. Luego la regularidad del mundo recupera sus derechos. (11)

De esta manera se puede decir que El gato negro contiene elementos del relato fantástico capaces de sostenerse en lo mencionado por los autores que he citado. El gato se presenta bajo varias figuras reconocibles, el ejemplo del dios del inframundo, la bruja convertida en gato, o como un personaje adoptado por lo fantástico en la literatura, recordemos otros relatos como Los gatos de Ulthar de Lovecraft, Enemistad de Guadalupe Dueñas, El séptimo arcano de Álvaro Uribe o Cementerio de animales de Stephen King en donde los gatos tienen un papel relevante.

Bibliografía

Bessiére, Iréne. Le récit fantastique. La poétique de l’incertain, (tr. David Roas) París, Librairie Larousse, 1974.

Caillois, Roger. Imágenes, imágenes (Sobre los poderes de la imaginación). EDHASA, Barcelona, 1970, 106 pp.

Cortázar, Julio, La vuelta al día en ochenta mundos. Siglo XXI, México, 25ª ed. 1996, t.1, 179pp.

Poe, Edgar Allan, Cuentos completos (tr. Julio Cortázar, pról. Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, ed. Fernando Iwasaki y Jorge Volpi). Páginas de espuma, Madrid, 2009, 960pp.

[1] Consultar la Antología de la literatura fantástica de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. Pág. 176.

[2] En este “al contrario” Roger Caillois se refiere a las diferencias entre relato fantástico y el cuento de hadas. No es necesario explicar que El gato negro no es un cuento de hadas.

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